EL MAYOR DE ELLOS ES EL AMOR

Hablar como niño… v. 11b. ¿Usted se acuerda lo que hablaba cuando era un niño? Y si bien es cierto que algunos niños hablan más que otros, le aseguro que sus conversaciones nada tenían que ver con estudios, negocios, trabajos o matrimonios. En esta metáfora que Pablo está usando sigue hablando de la etapa inmadura por la que pasa el amor, no por el amor en sí, sino por los que profesan ese amor. La forma como muchas veces actuamos en nuestras relaciones entre hermanos en la fe, a nivel de familia, parejas, etc., es fiel reflejo que el amor necesita ir de una etapa a otra. ¿Qué nos muestra Pablo con esto de hablar como un niño?

El contexto tiene que ver con hablar en lenguas. En el v. 8 nos ha dicho que tanto las profecías como las lenguas, se acabarán. Son dones que cesarían, por eso nos ha venido diciendo que nos “muestra un camino más excelente”. Hablar como niño y hablar como adulto son dos visiones totalmente distintas. El amor que nunca deja de ser y que se constituye en el más grande de todos, necesariamente tiene que comenzar a hablar como hombre.

Juzgar como niño v. 11c. Otra vez, y siguiendo la idea de un niño, el juicio de esa edad sobre las cosas es escaso. Nadie le pide a un niño que le ayude a resolver un problema donde hay que tomar una decisión seria e importante. Y es aquí donde hay que seguir entendiendo a Pablo en su encumbrado razonamiento sobre el amor y la necesidad que el creyente supere esa etapa que pudiera incluir alguno de los dones relacionados al asunto dejuzgar. La idea del texto es la de “raciocinaba”\ aludiendo a la sabiduría. Bien pudiera ser una referencia a lo Pablo dijo cuando habló que la ciencia acabaría. Un resumen de todo esto nos dirá que algunos dones son temporales, mientras que el amor es permanente. 
Que algunos dones son parciales, mientras que el amor perfecto. Pero, sobre todo, que algunos dones han sido para la infancia de la iglesia, cuando ella comenzó, pero que el amor es para la madurez. Hay un llamado en todo este texto para ir a la madurez. El amor verdadero no puede quedarse siendo el mismo siempre. Le hace mucho daño a cualquier relación, por ejemplo, la de la pareja, cuando uno de los cónyuges no termina de madurar. La meta debe ser llegar a ser “hombre”.

EG

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